lunes, marzo 10, 2008

"...Una síntesis de JFK y Martin Luter King"

Un comentario sobre Barak Obama, que coincide con la percepción no terminada que yo tengo acerca de uno de los candidatos más cercanos a ser presidente de Estados Unidos, que en el texto que sigue trata acerca de "Las Raices de Obama", quien antes de ser político fue escritor y con éxito, cuando publicó: "Sueños de mi padre".

E, independientemente de quién es, o quien puede estar a punto de ser es un testimonio vivo de algo....sea superación, éxito profesional...como quiera darle uno sentido..o como mejor filtre para utilidad de la propia realidad personal.

Fuente: http://www.lostiempos.com

Las raíces de Obama

Obama

Texto | Redacción ¡OH!!

Fotos | Agencias

Personaje | De llegar a la Casa Blanca, el candidato demócrata se convertiría en el primer presidente negro, todo un hito en la historia de Estados Unidos

Estados Unidos está viviendo momentos de cambio. Tiene la posibilidad de que una mujer o un negro asuman la presidencia del país, algo inédito en su historia, y de acuerdo a las encuestas y a las consecutivas victorias electorales que Barak Obama ha ido sumando, parece que lo más seguro será lo segundo. No sólo sería un negro el próximo Presidente, sino que este negro llega desde muy abajo, habiendo atravesado todo tipo de obstáculos, habiendo desnudado todas sus debilidades en un libro que se ha convertido en uno de los más vendidos en Estados Unidos, y mostrándole al mundo que no le incomodan sus raíces, sino todo lo contrario. Su abuela Sarah, una mujer keniana de 85 años, es ya conocida por sus declaraciones a favor del nieto pródigo, al que conoció cuando éste tenía 26 años y las fotos de la mujer, proveniente de la tribu Luo, rodeada por sus gallinas en su humilde casa en los suburbios de Kogelo en Kenia, se han publicado en varios medios internacionales. Sin duda el candidato demócrata es un genuino exponente del cambio que buscan los electores en Estados Unidos y lo está aprovechando al máximo.

El origen

Barak Obama nació en Hawai, hijo de un africano y de una estadounidense. Vivió en Indonesia y se crió varios años con sus abuelos maternos. Fue un adolescente difícil. Se escapaba del colegio para jugar al baloncesto en las calles de Los Ángeles, emborracharse, fumar marihuana y, cuando se lo podía permitir, consumir cocaína. “Al igual que muchos jóvenes negros, flirteé con el peligro y la autodestrucción. Por fortuna, me crié en una familia con unos valores muy fuertes, típicos del Medio Oeste, y pude salir indemne. Yo me drogaba porque quería ahuyentar las preguntas que me atormentaban. ¿Qué significa ser mestizo? ¿Por qué los blancos me consideraban un negro y los negros me miraban con desconfianza? ¿Cómo podía ser útil en una sociedad que no parecía aceptarme? Jugábamos en el terreno de los blancos, con las reglas de los blancos. Si el decano, el entrenador, el profesor quería escupirte en la cara, podía hacerlo. Tu única opción era la retirada, enclaustrarte en tu propio rencor. Y la ironía final es que si te negabas a aceptar la derrota y te enfrentabas a ellos, tenían un nombre para ti: paranoico, extremista”. Sin embargo, la crianza dura pero cariñosa de la madre y los abuelos pudo enderezar al joven que años después decidía estudiar para abogado. Después de licenciarse por la Universidad de Columbia, Barak consiguió un trabajo en una consultoría de empresas multinacionales para pagar los préstamos de su carrera universitaria. “Me sentía como un espía en territorio enemigo. Alarmado de tener secretaria, un traje y dinero en el banco. Salía de una reunión con banqueros japoneses o alemanes y me miraba en el espejo del ascensor, con mi corbata y mi maletín, y por una décima de segundo me imaginaba como un capitán de la industria, ladrando órdenes, cerrando un trato, antes de recordar quién era y quién quería ser, y de sentir remordimientos de conciencia por mi falta de valor”.

Inició su carrera política luego de una ascendente trayectoria profesional en derecho, primero como organizador comunitario y luego en medio de la política local de Chicago.

Con 46 años y en su primer mandato como senador por Illinois, ha protagonizado una ajustada carrera con Hillary Clinton para convertirse en el nominado presidencial del Partido Demócrata. Los cimientos de su trayectoria política pueden encontrarse en el vecindario Hyde Park-Kenwood, un bastión de las políticas liberales, hogar de la University of Chicago y de la organización de derechos civiles Rainbow-PUSH del reverendo Jesse Jackson. Obama sorprendió construyendo un aparato para la campaña presidencial que recaudó más de 130 millones de dólares provenientes de 650.000 donantes. Como un candidato que creció entre blancos en vez de entre negros pobres, Obama se aleja de la escuela de la política afroamericana y no utiliza su origen racial como bandera. Propone cambios, alejando la imagen de los políticos negros como Jesse Jackson, que reclamaron constantemente en contra de la mayoría blanca, poniendo esos votos en contra. El discurso de Obama no contempla reclamos ni resentimientos hacia la postergación. “Obama se está postulando de una forma con la que muchos votantes blancos se identifican mucho’’, dijo Merle Black, especialista en ciencias políticas de la Universidad Emory, de Atlanta. ‘’No los hace sentir culpables. No está dirigiendo una campaña al estilo agresivo de Jesse Jackson ni del Reverendo Al Sharpton (dos polémicos veteranos de la lucha extendida hecha por los ciudadanos afro-americanos por sus derechos legales). Se ha posicionado como el candidato que casualmente tiene la característica de ser negro, en lugar de hacerlo como un candidato negro’’.

Raíces

El padre de Obama, llamado Barak igual que su hijo, era un hombre proveniente de la aldea de Kolego, en Kenia, donde hoy en día continúan viviendo la abuela, madrastra, tíos y sobrinos, quienes han enmarcado varias fotos del candidato demócrata de aquella vez en que éste viajó a conocerlos por primera vez y de su más reciente visita en 2006, cuando miles de personas acudieron a escuchar su mensaje.

Aunque la aldea era pobre, el abuelo Hussein Onyango Obama, había sido un agricultor destacado, así que el padre creció cuidando las cabras y acudiendo a la escuela local, creada por la Administración colonial británica donde ganó una beca para estudiar en una universidad de Estados Unidos, como parte de la primera oleada de africanos enviados a Occidente para dominar la tecnología y volver para poner en marcha una Africa moderna, cuenta Barak en su libro “Sueños de mi padre”.

Barack Obama senior partió hacia la Universidad de Hawai y dejó atrás a su primera mujer, Kezia, que tenía ya un hijo con él (Roy) y estaba embarazada de Auma. El “sueño americano” le estaba esperando en una clase de ruso, donde conoció a Ann Dunham, natural de Kansas. Luchando contra los prejuicios (los matrimonios interraciales estaban prohibidos en 22 estados), el estudiante africano se casó por segunda vez con su novia estadounidense y en 1961 tuvieron su primer hijo, al que decidieron llamar también Barack (‘bendecido’, en swahili). El matrimonio no duró mucho y cuando Barak tenía seis años su madre rehizo su vida con un estudiante indonesio y la familia emigró a Yakarta. La ausencia del padre se convirtió en una cuenta pendiente que el hijo pudo saldar con dolor muchos años después, en su visita a la aldea de donde su padre era oriundo.

De esa primera visita, Barak recuerda los ojos sonrientes de su abuela, y su inmensa fuerza. Ella lo saludó con un apretón de manos diciéndole “hola” en inglés, Obama respondió en la lengua de los Luo: "Musawa". La abuela Sarah contestó entre risas y la hermanastra, Auma, hizo de porteadora e intérprete: "Dice que siempre soñó con este día, cuando finalmente conocería al hijo de su hijo. Dice que le has traído una gran felicidad. Dice que ahora has venido por fin a tu casa".

La abuela le contó toda la historia familiar, y hasta que el joven no lloró ante la tumba del padre, no acabó de cerrarse el círculo del pasado inconcluso. Así lo cuenta Obama en “Sueños de mi padre”, libro que lo consagró como escritor antes que como político.

Ahora la abuela africana hace campaña a su manera, abriendo las puertas de su pequeña casa a los medios estadounidenses, mostrando las paredes repletas de fotos del nieto y sirviendo a la visitas un vaso de cerveza en homenaje al lejano héroe, mientras desde el púlpito de New Hampshire, Obama hizo un llamamiento "a todos los líderes de Kenia", y en especial al presidente Mwai Kibaki, para que pidan a sus seguidores que "dejen de lado la violencia y encuentren una solución pacífica" a un conflicto que ha dejado 600 muertos y 12.000 desplazados desde las elecciones recientes. "Puede que gane el mejor hombre o puede que gane la mujer", admitió Sarah Obama, que lo conoce casi todo sobre Hillary Rodham Clinton. "Pero mi nieto sabe escuchar, y si le dan la oportunidad trabajará duro por América".

Media naranja

La esposa de Obama, Michelle Robinson, es negra y oriunda de la ciudad de Chicago, un modelo de la mujer estadounidense típica, que trabaja y atiende a la familia. Pero ella no hace ninguna concesión por el hecho de que su marido pueda convertirse en el próximo presidente, igual lo obliga a sacar la basura, a acudir a las citas en el colegio de sus hijas, Malia Ann, de nueve años y Sasha de seis, y a ir a terapia matrimonial cuando es necesario. Ella fue su jefa cuando Barak pasó un verano de becario en un prestigioso bufete donde Michelle era la inmediata superiora. Se casaron en 1992 y pudieron hacer una fortuna juntos trabajando como abogados de grandes empresas, pero prefirieron instalarse en un barrio humilde de Chicago y colaborar durante años con las parroquias para defender los derechos básicos del vecindario a una vivienda en condiciones o a un empleo digno.

Michelle, de 44 años sigue siendo la jefa. Obama cuenta que la llamó un día, siendo ya senador por Illinois, para anunciarle, orgulloso, que estaba a punto de conseguir que se aprobase una ley contra el tráfico de armas. Ella le informó escuetamente de que tenían hormigas en casa y que no se olvidase de comprar insecticida. Como Obama, Michelle también es alguien que se ha hecho a sí misma, desde el durísimo South East de Chicago hasta la elitista Universidad de Princeton. “Mis compañeros blancos siempre me consideraban primero una negra y luego una estudiante”. Además de trabajar y cuidar de las niñas, Michelle advierte a los votantes de que su marido “no es perfecto”. Su honestidad y carisma han sumado puntos a la campaña de Barak.

A un paso

Según las encuestas, la gran mayoría de los estadounidenses dicen que apoyarían a un candidato presidencial negro. Un sondeo de Gallup efectuado a principios del 2007 halló que sólo el 6% de los hombres y el 5% de las mujeres dijeron que no votarían por un candidato negro a la presidencia, un cambio político gigantesco en comparación con la manera de pensar de hace 50 años, cuando más de la mitad de los encuestados pensaban de esa manera.

Obama recibió protección del Servicio Secreto a principios del año pasado, la más anticipada de la historia para cualquier candidato presidencial y reconoció que algunas de las amenazas que había recibido tenían móviles racistas. Su sinceridad desarma. Y esa transparencia está cautivando a miles de votantes, más allá de las fronteras de género y raza: blancos, negros e hispanos; hombres y mujeres, que ven en él una síntesis de JFK y Martin Luther King. Que el senador Obama pueda convertirse en el primer presidente negro de Estados Unidos no es una quimera, y podría ser además el impulsor de un cambio que tocaría a todos. Sin duda la potencia del norte, ya sea con Barak o con Hillary, comenzará una nueva era alejada del régimen de Bush, un suspiro de alivio para el mundo entero. (Con datos de CNN, Terra, Proceso)


sábado, marzo 08, 2008



EL ARTE: NO SOLO ESTÉTICA...
Me agradó esta lectura que encontré en el Periódico cochabambino: Los Tiempos

SOBRE EL SENTIDO POLÍTICO DEL ARTE

Por: Ramiro Garavito
El arte sigue siendo, en efecto, un lugar de resistencia natural a toda forma de convención, imposición o arbitrariedad social; un lugar abierto a ideas y a prácticas radicalmente alternativas

En estos días de consecuencias políticas y ambientales, ¿Qué significa hacer arte hoy en nuestro país? La realidad ya no es más un paisaje urbano o rural, sino una complejidad inédita que nuestra mente recons-truye según su capacidad para simplificar y minimizar su influencia sobre nuestras vidas.

Hace poco la Galería de Arte Contemporáneo El Kiosko de Santa Cruz, organizó acertadamente una exposición con el significativo nombre de “Políticamente incorrecto”, curada por Raquel Schwartz y Rodrigo Rada, para convocar a algunos artistas de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba a reflexionar desde el arte, acerca del particular momento político-social que vive el país. De diversas mane-ras, esta exhibición nos confirmó que el arte contemporáneo más reflexivo, no ha dejado de ser, a partir de la modernidad vanguardista, un discurso contra los poderes establecidos, sean estos referidos al sistema político —oficialistas y opositores—, a las estructuras sociales, al sistema cognitivo o episteme, como a los sistemas del arte.

El arte sigue siendo, en efecto, un lugar de resistencia natural a toda forma de convención, imposición o arbitrariedad social; un lugar abierto a ideas y a prácticas radicalmente alternativas; un lugar de construcción, mas que de representación o rei-teración de la realidad, donde la creación artística y la creación política se unen de modo natural, quizás no del modo cómo el panfleto o la militancia lo preferirían, ya que, vale la pena repetirlo, el arte contemporáneo es una actividad critico-reflexiva acerca del presente, donde la creación se manifiesta más en el concepto o significado, que en el modo sensible de la forma o el oficio. En efecto, una pieza artística es fundamentalmente una metáfora de carácter epistemológico, en tanto manifestación sensible de la idea o concepto, que no obedece a la lógica del rendimiento, a la eficacia inmediata determinada por la industria o al sistema de consumo.

Sin embargo existe todavía la extemporánea idea oficial de que el arte es una especie de paliativo existencial de carácter estético, un ornamento culto que eleva la calidad de la vida de modo sofisticado; por eso la actitud lógica de menosprecio de algunos gobiernos al arte y la cultura, que prefieren atender necesidades más urgentes y vitales; por eso leemos en revistas de actualidad columnas que titulan “Cultura y Ocio”. Pero este malentendido no sólo es responsabilidad de ellos, sino también de muchos artistas en nuestro medio que aún cultivan la belleza, pensando que eso es hacer arte. Es decir, trabajan en un campo fundamentalmente retinia-no y vinculan la creación, más a conceptos espaciales que a significados; sus obras son la celebración de lo neutro y de lo pulcro, pero siempre tiene que ver con los deseos y los gustos del mercado y lo que los coleccionistas desean en sus paredes. Schiff, un historiador reconocido, se preguntaba “¿Puede el arte ser estéticamente bello cuando su contenido implica temas sociales o políticos?”, es decir, ¿No existe conflicto entre la belleza y los discursos socioeconómicos? La belleza es complaciente por naturaleza, el conocimiento no.

No es que la belleza no exista en el arte contemporáneo, sólo que, desde el siglo XIX la belleza ya no forma parte intrínseca del arte, ni siquiera de modo superficial; es sólo un medio entre muchos otros, no un fin. En todo caso, si la belleza ha jugado un papel en la historia del arte, ha sido asociado al conocimiento. Joseph Beuys, el pionero del arte contemporáneo, resume este papel con una magnifica frase que se conecta con lo que era la belleza para los griegos y renacentistas: “La belleza es el esplendor de la verdad”.

Esto significa plantear un arte de carácter cognitivo que, como todo conocimiento, cuestiona lo real, comentándolo críticamente, extendiéndolo o proponiendo realidades alternativas, obviamente no por medio del manido lenguaje discursivo y sus reglas sino a través de aquello que es capaz de detonar un conocimiento en el espectador. Por eso, no hay arte allí donde, como en la publicidad, se reafirma lo real y lo evidente, aunque la manera de hacerlo sea innovadora.

Hay una cierta ingenuidad al pensar que es suficiente servirse de los materiales de la vida cotidiana o la imagen publicitaria, para que los objetos artísticos producidos de ese modo, tengan un valor crítico en relación con el mundo político o económico que habitan. En realidad una excesiva proximidad con la industria cultural, la publicidad, la moda y el esquema del mercado en gene-ral, evita pensar la posibilidad de plantearse el problema desde otra perspectiva. A muchos artistas contemporáneos, sobre todo de Europa y Estados Unidos, les gusta afirmar después de cada exposición, que sus obras “cuestionan el mundo contemporáneo” (“cuestionan” la imagen, la publicidad, los medios, el poder, etc), cuando en realidad son asimilados como auxiliares del mercado, el capital y el poder, y armonizan perfectamente con los principios de la realidad establecida.

El problema es entonces, crear ámbitos críticos creativos, ya no alrededor de una supuesta realidad artística-ontológica, sino acerca de lo que nos concierne, de nuestra existencia social, cultural y política; crear dispositivos y estrategias preceptúales, procesos sensibles, diferentes, sutiles, a veces necesariamente herméticos, que cuestionen las certezas y las evidencias obvias y, por tanto, el dogmatismo que sustenta la realidad y la cierra, mermando así nuestra capacidad de sentir y pensar. Se trata entonces de inscribir esos dispositivos en términos de acción artística, en los términos del enigma que implica el arte. La pregunta es ¿Cómo inventar políticamente hoy esos dispo-sitivos que puedan crear verdaderamente intervenciones o formas de percepción distintas, que se inserten insidiosa y efectivamente en esta compleja realidad que nos atañe cada vez más?. No será, por cierto, acudiendo al recurso simplista y aparentemente obvio de colocarse a priori al frente y hacer una oposición adversa al gobierno. De este impulso están hechos los panfletos y cosas peores.

En tiempos de dictadura la respuesta es simple; las cosas están colocadas en blanco y negro desde que un artista puede ir preso; sólo queda oponerse a la arbitrariedad unidimensional del poder no importa como; pero en tiempos de democracia esa arbitrariedad del poder está dispersa por naturaleza; lo plural, lo diverso y los matices son importantes de un modo complejo.

En ese sentido, la verdad de nues-tro tiempo no está en lo que oímos o leemos cotidianamente, sino en la complejidad que implica reflexionar una información multirreferencial.

Me encanta mi país




No es una expresión impulsiva.



Todo lo que está pasando en Bolivia, lo que creo yo, lo que cree el resto...es tan distinto en las formas, pero no en el fondo.

La cultura, el modo de vida, los valores, la cosmovisión es distinta, es un hecho. En qué momento comenzamos a ser racistas? o en qué momento comenzamos a sentirnos más o menos que ..?.

Alguien dijo: "Todo el mundo habla del indio" (lo creo de sobremanera, esto pasa en Bolivia y en el exterior), - "....pero nadie quiere hablar con el indio". Crudo esto último.

Vivir bien, defender uno y otro estilo de vida, es muy legítimo....hay tantas buenas razones de uno y otro lado, pero creo que como bolivianos no nos conocemos, es por eso que simplemente no nos queremos entre nosotros.

No conocemos la belleza de la diferencia porque esta se muestra en formas, en caras y colores, en modos y expresiones que nuestros valores propios prejuzgan...y nos quedamos allí, sin dar paso a la razón y a la reflexión para arriesgarnos en conocer y apreciar. (en el sentido de ver, conocer y también querer...teniendo como único y suficiente motivo: que es nuestro, es nuestra realidad, nuestra gente).


Veo a mi país también en la situación de madurar culturalmente (no me refiero al apoyo a la cultura, sino a la dinámica cultural cotidiana) nuestra pluriculturalidad antes no asumida, ni autoreconocida, peor autovalorada.

Democracia, democracia....creo que no hay un manual para saber como usarla cuando hay tantos pueblos, naciones contenidas en una sola...donde las realidades son diferentes (no me refiero a grados de desarrollo económico). Creo que solo hay una palabra tolerancia y valoración.

Otra vez el cliché: somos diferentes.... , ya pues...pero no nos conocemos culturalmente entre los bolivianos, no sabemos...o no queremos llegar a darnos cuenta de que buscamos lo mismo: vivir bien.

Cuando el camba y el colla se conozcan más allá de los prejuicios y las "etiquetas", cuando lleguen a algo más que soportarse, luego tolerarse...y apreciarse..pues creo que Bolivia se unirá como dice la moneda: "La Unión es la Fuerza"..y será el país que queremos absolutamente todos los bolivianos y mucho más. Y..no solo por escribir...soy optimista eso puede ocurrir, cada pensamiento de aliento, de miras a la unidad, contribuye. Yo quiero esa realidad.